viernes, 20 de junio de 2008

Fútbol, fútbol, fútbol...

Antes que nada una aclaración. Hace tiempo que no voy a las canchas de fútbol, pero soy hincha y socio de un aguerrido cuadro menor, y disfruto del fútbol como casi cualquier uruguayo que se precie de tal; aunque no llego al extremo de decir que "si a un uruguayo no le gusta el fútbol, no es 100 % uruguayo".


Escuchando a uno de los nuevos (nuevos, porque muchos lo conocemos desde hace dos años nomás, aunque hace bastante mas que existe) gurúes de la radio, no pude menos que concordar con sus opiniones acerca de la imbecilidad que rodea al deporte rey. Me refiero a la Columna Deportiva de este viernes, 20 de julio de 2008, del periodista Darwin Desbocatti en el periodístico "No Toquen Nada" de Océano FM.

Este muchacho no precisa mi (mas bien magra) propaganda, pero no puedo menos que comentar la citada columna, donde denuncia esa maldita manía que los idiotas del fútbol dicen y los vampiros de los periodistas deportivos repiten y amplifican hasta el cansancio: esto es, que la hinchada (sobre todo ante un triunfo y tratándose del propio cuadro, no del contrario) es determinante a la hora de ganar un encuentro. Falacia que puede ser fácilmente refutable de seguir los resultados de cualquier cuadro de fútbol conjuntamente con el comportamiento de la "hinchada" (entiéndase "hinchada" por "idiotas de bandera"; los hinchas reales somos menos idiotas). Salvo contados ejemplos, y sobre todo en los cuadros "grandes", ocurre lo mismo: cuando el cuadro anda bien, a los jugadores se los alienta; cuando anda mal, se los putea.

Esa importancia de la hinchada a la hora de ganar (he escuchado cosas del estilo "la hinchada no acompañó" para justificar una derrota) forma parte de toda una estrategia de hacer del fútbol una religión, el nuevo "opio de los pueblos", mediante el cual las masas embrutecidas canalizan la violencia en la que viven. Me ha tocado oir estas afirmaciones luego del triunfo de Uruguay en eliminatorias del mundial de fútbol ante Perú (6-0), luego de la "derrota" del 1-1 ante Venezuela de locales en el Estadio Centenario; pero mas precisamente en hinchas de cuadros mayores. O sea, la hinchada, su "fuerza", su aliento, es capaz de incidir en el resultado de forma directa. La hinchada es la que gana los partidos, no los jugadores.

El papel de las hinchadas en deportes de masas como el fútbol es innegable. Además de oficiar como impulsores del cuadro "defendido", suele ejercer presión sobre el cuadro visitante. Y esta presión suele no ser menor. O sea, no es cuestión de menospreciar el papel de las hinchadas en el desarrollo del encuentro deportivo, sea fútbol, basquet, etc. Pero de ahí a afirmar que los hinchas son los que prácticamente ganan los partidos, hay un abismo.

Lo peor de esto no es que suceda. No pasaría de lo anecdótico si desde el periodismo "deportivo" no se amplificara esta aberración hasta el paroxismo, al límite de hacer programas de fútbol donde no se pasa fútbol: se pasan hinchas, hinchadas, lo que éstas cantan, y los insultos que les dedican a sus rivales, tradicionales y no tanto.

Creo que esta situación obedece a varios factores: la necesidad de generar puestos de trabajo donde no existen; de acicatear rivalidades hasta el odio en haras incluso de objetivos e intereses políticos; de llevar la guerra deportiva (que es una guerra, desde el entendido de que desde que existe el profesionalismo en el deporte, se terminó con lo que alguna vez pudo ser deportivo) al chusmerío callejero mas barriobajero; de crear "teóricos" del fútbol como si éste fuera una ciencia. Se ha pasado de transmitir los partidos de fútbol a montar todo un circo, que no hace otra cosa que retroalimentar esa parodia del hincha ("no esistís, gayina, no esistís") que raya peligrosamente en apología de la violencia. Lo peor de todo es que cuando la situacion se sale de madre, los primeros en pedir y exigir la represión policial son los mismos periodistas que fomentan que los imbéciles lúmpenes que van armados a las canchas se vean en la tele haciendo sus "gracias", demostrando qué grandes hinchas que son.