viernes, 29 de agosto de 2008

El post que nunca fué

Este post iba a ser, pero no fué. Nunca nació, nunca se escribió, nunca se leerá. Este post no es lo que yo pretendía escribir.
Hoy iba a caer en las garras de la visión pequeñoburguesa a la que somos permeables todos los que, perteneciendo a la clase oprimida, somos influidos por la clase dirigente. Paso a explicarme.
Anoche, a eso de las 20, tomo el ómnibus para ir a casa. Semivacío, me fuí hasta el fondo pues no me gusta tener que pasar por medio mundo para bajarme en mi destino. Me siento en el nunca bien ponderado "asiento de los bobos", saco un libro, leo un poco, y voy escuchando un compilado de una serie llamada "Metal Museum", la correspondiente a "Speed Metal". Una joyita.
En eso, todavía en el centro, a la altura de Rondeau, sube un botija. Deportivo, campera de nylon, gorrito de visera, cara de bobo. Se sienta en la plataforma, en el "asiento" que se forma por el desnivel del bote. Sabrán a qué me refiero. Celular. Y... ¡SIIIIIIIII! Cumbia viyera sonando para todo el pasaje. Chiqui-chic, chiqui-chic, chiqui-chic. Lo miré con cara de asco un par de veces. Me miró con cara de "mi cabecita no da para más, que querés que le haga...". Hasta ahí, casi todo normal. Casi.
El botija es llamado por celular. Pero ete aquí que no era el de la música. ¡El bobeta tenía otro! Y mientras escuchaba esa abominación musiquera dedicada a los robos, la pasta y las trolas, hablaba con el otro celular. Me dije: "-Esto hay que documentarlo". Le saqué unas fotos, y pensaba postearlas acá, para compartir la cara de gil de un tipo e ilustrar una actitud de "necesito comprarme una vida cuanto antes". Pero no. No pudo ser. Y nunca en la vida lo será.
El sentimiento casi reaccionario que me embargaba (el antiplancha total, el "muerte a los pasteros, a los cumbieros y a los planchas") fue sustituído esta mañana por unos mas cerrenses: el de la solidaridad y el del reconocimeinto del enemigo común.
A eso de las nueve de la mañana, cuando estaba por tomarme el bote hacia mi laburo en la Terminal, siento un olorcillo dulzón. -"Opa, alguien empieza el día con una sonrisa" pensé. Una muchacha de lentes oscuros, mochila, jeans y casi la misma pinta de placha que el gil del ómnibus de anoche, se estaba mandando un porrillo, mientras esperaba el ómnibus para ir a trabajar. Le duró poco la alegría. Una milica jóven, que siempre se toma el bote allí, la agarró de las solapas y la detuvo... por consumo. No por tráfico, no por venta; por consumo. La mina pataleaba y protestaba, le daba razones, pero dijeran los centroamericanos, ni modo. Si el milico tiene razón (cosa rara) cagaste; si no la tiene, cagaste también. Y si le decís que no tiene razón, cagaste el triple. Y si es milica, no tiene razón, y se lo decís: PERDISTE. La muy conchuda milica no iba a dar el brazo a torcer, menos adelante de la gente. Así que, por una fumadita, hay que perder de ir a trabajar, además del mal rato en la comisaría.
No apoyo las drogas. Nunca me drogué (pueden creerme o no, eso es problema de ustedes); sí me he tomado mis buenos vinos, y me he agarrado alguna que otra curda a colores. Pero eso no quita que entienda que consumir marihuana está lejos de ser un delito, y además de que yo lo entienda así, hay un pequeño detalle: no está penado por la ley uruguaya. Lo que está penado es el tráfico, no el consumo.
Así que el post que iba a ser, no fué. El que és, es éste. Y una enseñanza que la realidad nos presenta cada vez que nuestras ideas se desvían: odio al enemigo de clase y a sus personeros, y a sus defensores. Aunque éstos no sepan realmente a quien defienden.
¿Aumento de sueldo? Que trabajen de verdad, que detengan a los chorros, que no acepten coimas, que no repriman a trabajadores y estudiantes. Que no le hagan perder un día de trabajo a una gurisa, por fumarse un porrito. Que se acabe la impunidad, que también se manifiesta en esto.
Muerte a los milicos, no a los planchas. Porque al milico le pagan para reprimirte, al plancha no. Y haciendo gala de la veta anarca del Cerro, me despido por hoy.
Ah, casi me olvido. Mañana, alcen sus copas conmigo, y griten todos juntos: "Que los cumplas felíz".
Chau